Artista nuevo: Juan Robles

«Escuchá el disco completo, idiota», advierte la nota de voz número uno de Notas de Voz, el álbum debut y sin género de un artista tanguero de quince años que gusta de sentarse a escribir canciones en su piano.


Hace menos de dos semanas recibimos la noticia de que el músico marplatense Juan Robles estrenó su primer material en solitario: «No me gusta decir solista, creo que con mi nombre está bien», aclara antes de empezar la conversación.

—¿Cómo surgió este proyecto?

Notas de Voz es un proyecto que surgió a partir de la separación de Lagarto Invisible —trío de rock progresivo que integraba—, en un stand by bastante largo y de toda una locura que me agarró personalmente de no saber qué hacer: el hecho de esa soledad musical. Ese corte con la banda me dio mucho tiempo para pensar y concentrarme más en el estudio, para disfrutar de otras cosas más allá de la música.

—¿Cuál fue la salida?

—Después de armar una agrupación con Teby Frontera, Ariel Martin y Francisco Maggio, que se llamó Pasajeros de la vía muerta, que era para tocar y cagarnos de risa simplemente, decidí encarar este proyecto y grabar con todos los músicos que me han acompañado y que he acompañado en este pequeño largo recorrido que tengo en la música.

El disco contiene doce canciones. Para ellas hay a disposición catorce músicos. Esto no implica ninguna complicación, todo lo contrario: las opciones, los estilos, las formas y las interpretaciones son múltiples.

—Elegí un repertorio de canciones mías que más me gustaban, que creía más maduras, y me fui fijando a qué personas les quedaban mejor. Un tema, por ejemplo, que se llama Ella quiere olvidar, me pareció que le quedaba mejor a Martín Sciurano y a Chicho Romairone, y esa fue la formación de esa canción. Hay cuatro formaciones diferentes, además de los músicos invitados, como Pedro Escanes, Alejandro Rossini, Mario Romano, Pablo Gonzalez, Leonor Sulpizio, y muchísimos más.

—Hablás de canciones maduras. Era algo en lo que quería hacer hincapié: en la madurez de la obra en su totalidad a pesar de tu corta edad. ¿A qué se debe? 

—La madurez en este disco se debe a la locura enorme de este tan corto recorrido. Llegó un momento en que mi cuerpo pedía dejar toda esa locura registrada, y así fue. También viene por el lado de la cantidad de músicos increíbles que participaron. Son grossísimos todos y aportaron su propia locura para esta tormenta. Fue muy interesante laburar así, con gente con esa profesionalidad, con esa experiencia y con esa buena onda.

—¿Tuviste un contacto temprano con la música? 

—La música la tengo en mi vida desde antes de haber nacido. Tengo una familia muy artística: mi viejo es músico y siempre me nutrí de ir a escucharlo. Me decidí a arrancar con la música a los cuatro años, muy inocentemente, por querer ser como él, de ahí nació. Mi carrera musical posta, sin embargo, arrancó a fines de 2015 con Lagarto Invisible.

—Siento un aire muy tanguero en todas las canciones…

—El tango es lo fundamental en mi vida. Si tengo que elegir un género que me haya marcado, es ese. Inconscientemente. Ya te digo: desde chico, en la panza de mi vieja, lo que mamaba era el tango. Por mi viejo, porque hace tango, por lo que se ha escuchado siempre en mi casa, además de otras cosas. Tengo la suerte de haber nacido entre los mejores músicos de Mar del Plata, quienes también tocan mucho tango. Y por supuesto varios de ellos participan en el disco.

—Hay muchísimos condimentos y géneros insinuados aparte del tango…

—No buscaba un género. Todo lo contrario: buscaba no tener género. La idea principal fue esa. Me acuerdo cuando lo llamé a Teby Frontera para que haga la coproducción conmigo (porque necesitaba una mano derecha, porque al ser solista necesitás una persona que sea parte también, más allá de todos los músicos que participan, necesitás a alguien que sea parte fundamental, y Teby lo fue) y le dije: «Mirá, yo no quiero encontrar un género, quiero que la gente no sepa y cuando lo escuche se pregunte esto qué es». Claramente las influencias están, pero sin querer repetir nada: hay Charly García por todos lados, hay Quinteto real por todos lados, hay Gustavo Cerati, hay Emerson, Lake & Palmer, hay de todo. La idea era poner ese qué sé yo en las canciones. Como dice Sabina, una buena canción tiene que tener buena melodía, buena armonía, buen ritmo, buena letra y ese qué sé yo que nadie sabe qué es pero que siempre está en una buena canción. Y eso es lo que queríamos lograr. Y me parece que se logró bastante bien. Por suerte no lo logramos del todo. Digo por suerte porque eso nos impulsa a seguir haciendo cosas para acercarse cada vez más al resultado final de algo que tampoco se sabe qué es.

—¿Pensás seguir con este formato?

—Sí, quiero seguir así. Tengo más libertad porque puedo tocar con los músicos que sea y, en cuanto a los géneros, puedo hacer lo que quiera. Es muy divertido.

—El 23 de noviembre presentás el disco en vivo. ¿Qué podés contarnos?

—La presentación no va a ser una presentación normal: va a tener una escenografía muy impresionante, va a haber dos escenarios, quince músicos en escena, va a ser muy impresionante de verdad.

—¿Cuáles son los pasos a seguir?

—Manijear el disco como locos y llevarlo por todos lados. Hace muy poco que lo largamos, pero está funcionando tremendamente: tiene una repercusión muy grande para ser lo primero. Por supuesto que ya estoy craneando otro disco, pero hay que dejarlo descansar un poquito a éste y ver qué onda. Después es tocar, componer y cagarse de risa.

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