Canciones Eternas: “The End” de The Doors

En 1967, The Doors grabó “The End”, obra épica que cierra su LP debut. La pieza llena de tensión y sabores orientales cuenta no una, sino varias historias de amor, desamor, muerte y teatro, todo orquestado por su frontman Jim Morrison.

|Por Marcos Gabarain|


Es de esas canciones que te obligan a imaginarte un escenario, un paisaje, una cara, una figura. Es una pieza sumamente gráfica y, aún así, tan simple y fuerte desde la instrumentación. En 11 minutos y 43 segundos escuchas un trance de sombría guitarra de aires hindúes y una serpenteante batería que mantiene el pulso frenético y demencial de la épica obra.

Sin lugar a dudas, Ray Manzarek fue, es y será un genio subestimado. Cuando uno se percata de que The Doors no tiene bajista, ahí es cuando empieza a apreciar el trabajo de su teclista, que hacía su labor por duplicado. Pero si hay algo que termina de enaltecer este delirio, es el propio Morrison.

Jim había tenido una fallida relación con Mary Werbelow, y decidió expresar su desazón en una poesía que tiene de todo: un grito de desamor, un capítulo de anarquía y muerte, una secuencia teatral que recuerda a Edipo, un desmadre emocional y una serenidad fatalista.

De aquella versión en vivo previa a la grabación, una provocativa frase debió cambiarse a la hora de entrar al estudio. Antes de la explosión instrumental, Morrison recita un diálogo entre un hijo y sus padres (al mejor estilo “Edipo”):

Father? – Yes son – I want to kill you
Mother, I want to fuck you

Esa última frase se suavizó por cuestiones lógicas. Luego, llega el grito desaforado y la canción dispara para una dimensión desconocida, jugando con la muerte como algo sensual y definitorio. Cuando la compostura regresa, el frontman se despide lentamente y con un tono de voz tenue.

La canción más loca y provocativa de los californianos cierra así su primer larga duración. Se utilizó el método de grabar la canción en vivo para captar esa sensación que daba en los shows. Fue un acierto desde el comienzo. En 1967, la llegada de The Doors al mundo ofrecía esto y mucho más.

Cuando debo hacer el ejercicio de visualizar la letra y la canción en sí, no me enrosco mucho. Francis Ford Coppola lo hizo por mí. “Apocalypse Now” es mi película favorita. Su delirante historia, la pesadez del clima y el hilo de la obra entera encaja perfectamente en “The End”, a tal punto que el enorme director la utilizó para retratar el comienzo de la misma. Palmeras, helicopteros y napalm. También, en el desenlace del film, esa explosión rítmica anteriormente mencionda es utilizada para la escena más importante. Los escalofríos son inevitables.

Hay múltiples versiones editadas en vivo. Aquella del disco Live In Vancouver 1970 es de las más largas: se extiende hasta acariciar los 18 minutos. Es menester oir estas interpretaciones, visto y considerando que Jim Morrison era un ser enaltecido en vivo.

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