Canciones Eternas: “The End” de The Doors

En 1967, The Doors grabó “The End”, obra épica que cierra su LP debut. La pieza llena de tensión y sabores orientales cuenta no una, sino varias historias de amor, desamor, muerte y teatro, todo orquestado por su frontman Jim Morrison.

|Por Marcos Gabarain|


Es de esas canciones que te obligan a imaginarte un escenario, un paisaje, una cara, una figura. Es una pieza sumamente gráfica y, aún así, tan simple y fuerte desde la instrumentación. En 11 minutos y 43 segundos escuchas un trance de sombría guitarra de aires hindúes y una serpenteante batería que mantiene el pulso frenético y demencial de la épica obra.

Sin lugar a dudas, Ray Manzarek fue, es y será un genio subestimado. Cuando uno se percata de que The Doors no tiene bajista, ahí es cuando empieza a apreciar el trabajo de su teclista, que hacía su labor por duplicado. Pero si hay algo que termina de enaltecer este delirio, es el propio Morrison.

Jim había tenido una fallida relación con Mary Werbelow, y decidió expresar su desazón en una poesía que tiene de todo: un grito de desamor, un capítulo de anarquía y muerte, una secuencia teatral que recuerda a Edipo, un desmadre emocional y una serenidad fatalista.

De aquella versión en vivo previa a la grabación, una provocativa frase debió cambiarse a la hora de entrar al estudio. Antes de la explosión instrumental, Morrison recita un diálogo entre un hijo y sus padres (al mejor estilo “Edipo”):

Father? – Yes son – I want to kill you
Mother, I want to fuck you

Esa última frase se suavizó por cuestiones lógicas. Luego, llega el grito desaforado y la canción dispara para una dimensión desconocida, jugando con la muerte como algo sensual y definitorio. Cuando la compostura regresa, el frontman se despide lentamente y con un tono de voz tenue.

La canción más loca y provocativa de los californianos cierra así su primer larga duración. Se utilizó el método de grabar la canción en vivo para captar esa sensación que daba en los shows. Fue un acierto desde el comienzo. En 1967, la llegada de The Doors al mundo ofrecía esto y mucho más.

Cuando debo hacer el ejercicio de visualizar la letra y la canción en sí, no me enrosco mucho. Francis Ford Coppola lo hizo por mí. “Apocalypse Now” es mi película favorita. Su delirante historia, la pesadez del clima y el hilo de la obra entera encaja perfectamente en “The End”, a tal punto que el enorme director la utilizó para retratar el comienzo de la misma. Palmeras, helicopteros y napalm. También, en el desenlace del film, esa explosión rítmica anteriormente mencionda es utilizada para la escena más importante. Los escalofríos son inevitables.

Hay múltiples versiones editadas en vivo. Aquella del disco Live In Vancouver 1970 es de las más largas: se extiende hasta acariciar los 18 minutos. Es menester oir estas interpretaciones, visto y considerando que Jim Morrison era un ser enaltecido en vivo.

El Enchastre de Louta en el TRI

Nuevo disco, nuevo show. Luces, colores, baile y la teatralidad con la que Jaime James tiene cautivados a sus fanáticos.

|Por Tomás Vidal|


El Club Tri es sinónimo de algo bueno. Siempre te llevás una sonrisa o pasás un lindo rato. Si a eso le sumamos un performer como Louta, es muy difícil que salga mal. Ya al entrar podías sentir la expectativa en el aire, se estaba preparado algo. En el escenario podías ver un banco, un poste de luz, girasoles y una pila de basura. Esa era tu primera impresión y pensás: “¿Qué hará con todo esto?”.

A las 22 en punto arrancó todo. James apareció con su habitual chomba y pantalón de vestir, acompañado de dos bailarines. “Uacho” invadió el lugar con su dubstep y con un show de luces perfectamente coordinado con los movimientos de Louta y compañía. “Te estoy mirando a los ojos”, casi a los gritos. Desde un principio nos dimos cuenta cómo sería este show: todo premeditado, guionado, una especie de obra de teatro de impacto. Pero esperen, que uno intuya cómo puede ser un espectáculo no quiere decir que no haya lugar para las sorpresas.

Después de “Somos Tan Intensos” llegó “Palmeras”. Se sintió un cambio en el clima con este trap cargado de auto tune, mucho relax y la primera conexión fuerte con el público que cantaba cada letra con mayor énfasis. Louta los tenía donde quería, él lo sabía. Y todo fue baile con “Sigo Sin Entenderte”, primera canción del primer disco que sonó en la noche. Pero por supuesto que no sería la única.“Cuentitos” volvió a poner al nuevo disco en la escena. A pesar de que el álbum tiene poco tiempo de vida, el público devolvía cada letra con fervor. “Enchastre” se apoderó del ambiente, con su rap energético y con un sonido aplastante, graves que te empujaban hacia abajo mientras Louta tiraba un “me hace alto ruido no poder llamarte más”.

“Todos Con El Celu” cayó con su funky carioca y la gente eloqueció. Uno de los highlights de la noche, sin lugar a dudas. En especial cuando se subieron al escenario dos personas disfrazadas, dos osos gigantes con cabezas de bolas de espejos que terminaron la canción fundidos en un beso.

Aunque no es tan frecuente en su música, otra vez apareció el auto tune en “Abrir Tu Corazón”. Una balada introspectiva pero que a la vez nos muestra un Louta que contempla todo lo que lo rodea. “Quiero que frenes el tiempo y mires la lluvia flotando en el aire, buscando un lugar”.

Le siguió “Ayer Te Vi”, canción del nuevo disco que tiene como invitada a Zoe Gotusso, integrante del dúo Salvapantallas junto a Santiago Celli.

“Cuadradito De Prensado” puso a todos a bailar. Con ese ritmo de cumbia pero con un beat que te sacude, Louta interpretó un tema que ya es fija en cada una de sus presentaciones.

“Una base de Miranda! para el rock, una frase de Atahualpa para el pop”, canta en “Chocolate”. Quizás sea una de las mejores frases para resumir lo que intenta hacer Louta: desarmar lo conocido y crear algo nuevo, sin seguir ningún tipo de instrucción.

“Puede Ser” nos muestra nuevamente a un James más meloso y reflexivo, llenando el Club TRI de una vibra muy relajada que te invita a moverte con su ritmo. Por si todavía no lo viste, te dejamos el video oficial de este track que es el encargado de abrir Enchastre.

Apenas terminó “Puede Ser”, dos pibes con el mismo look de James subieron al escenario. Ambos sostenían un marco que tenía de fondo una tela con una estampa de un cielo con nubes. En el medio, Louta. “Alto Uach” empezó a sonar, esa canción que mejor explica la definición de “crocante por fuera, blandito por dentro” que el propio cantante se aplicó. “Yo te quiero con estilo porque soy alto uach, yo te quiero como a nadie, nada me frena”. Se vivió un momento de complicidad con el público, en donde Louta se equivocó un poco con su letra y comenzó a reírse por un segundo, pero la gente continuó la letra con fuerza y se cerró todo con un gran aplauso y una muestra del cariño que el artista tiene con sus fanáticos.

“Que Bien Que Estoy” cerró el show. Lo loco de esta parte fue una especie de mash up de “El Meneaito“, “Freakytona”, “Papichulo” y “Gasolina”. Después pidiéndole a todos que se agachen (“hasta el que saca fotos, vos también”, tiró) para incorporarse al canto de “saltando, saltando, saltando”.

Una hora exacta. Eso fue el show de Louta en Mar del Plata. Un espectáculo que está pensado y trabajado de principio a fin. Y que resulta tremendamente dificultoso de catalogar, porque está más allá de la música o del teatro. Es un golpe visual y sonoro que descoloca y desafía a más de uno. 

El final es una muestra de lo que es Louta. Una ovación total por parte de los presentes, el agite del artista, los brazos en la cintura mientras se alimenta de la energía de sus fanáticos. Él necesita de esa fuerza que le transmiten, necesita el griterío feroz del público que lo pone como uno de los personajes ya no del indie sino de la música nacional.

Fotos por POGO

Canciones Eternas: “Eiti Leda” de Serú Girán

En 1978, Serú Girán grabó su disco debut, con “Eiti Leda” como canción de apertura. La monumental obra, obra de un Charly García de 17 años, se convirtió en una de sus composiciones más épicas e incomprendidas de su carrera.

|Por Marcos Gabarain|


“La ciudad se nos mea de risa, nena”. Antes de lanzar su disco debut, Serú Girán se presentó en vivo el 28 de julio de 1978 en el Festival de la Fundación de la Genética Humana, llevado a cabo en el Luna Park. En el desenlace de la tocada, la flamante agrupación se ocupó de esquivar los proyectiles: pilas (si, pilas de grabadoras de audio) que el público les tiraba.

La audiencia y el periodismo siempre tuvieron la costrumbre de derrumbar cualquier casa que Charly García quizó construir. Luego de la heroica despedida de Sui Generis, sus fanáticos buscaron eternamente una música que les recuerde, en un loop infinito, a “Confesiones de Invierno”, “Canción Para Mi Muerte”, etc.

El García de La Maquina De Hacer Pájaros, y mucho menos el de Serú Girán, ya no era ese adolescente que emanaba canciones de amor adolescente. Era un joven adulto con el talento mas envidiable y repudiado. Qué ironía. Tarde o temprano, el tiempo le dio la razón a uno de los músicos más importantes de la historia nacional.

“Eiti Leda” fue la primera canción que el país escuchó en un disco de esta banda Serú Girán, un equipo All Star con un joven Pedro Aznar, el incendiario David Lebón y el siempre vertiginoso Oscar Moro. La obra fue compuesta por Charly a sus 17 años, y vio la luz en vivo en “Adiós Sui Generis”. La por entonces llamada “Nena” era cantada por Nito Mestre y tenía otra estructura rítmica.

Su letra llega a la emoción desde una historia de amor y muerte con un trasfondo cinemático de dictadura (“El día que desfilen los cuerpos que han sido salvados, nena”). La melodía es de una sutileza y una intención tal que es muy difícil no viajar con su estrofa tétrica y febril. De repente, la explosión de sintetizadores convierte la suite en una obra progresiva que ha sido muchas veces comparada con “A Day In The Life” de los Beatles.

La segunda parte de la canción coquetea con el Jazz Rock y la música Disco de la mano del Moog de García y los solos de Pedro Aznar y David Lebón. Esa cuota nostálgica nunca se pierde, aunque uno podría interpretar que hasta el regreso de la melodía principal uno afronta la vida con felicidad a pesar de todo. Quizás este sea el objetivo de esta triunfal obra. De fondo, una orquesta de 24 músicos, dirigidos por Daniel Goldberg, sobrevuela la canción y agrega una cuota de teatralidad y grandilocuencia.

Los 7 minutos gloriosos de “Eiti Leda”, sumados al resto de las canciones del disco debut de Serú Girán, no fueron bien recibidos por los fanáticos y entusiastas. Llevaría más tiempo para que semejante agrupación sea merecidamente reconocida, pero por suerte sucedió.

Existen algunas joyas en vivo dando vueltas por YouTube, como por ejemplo la versión en vivo en ATC en 1982 y el supuesto videoclip oficial de la canción. En su genial MTV Unplugged de 1995, Charly optó por hacer un medley que comprendía las canciones Serú Girán, Eiti Leda y Viernes 3 AM. El resultado es simplemente espectacular.

Canciones Eternas: “Bohemian Rhapsody” de Queen

Dado el aluvión de información sobre Queen a partir del lanzamiento de la Biopic de Freddie Mercury, es menester contar la historia de la monumental “Bohemian Rhapsody”. En 1975, Mercury ideó su ópera imaginaria y, con ayuda de sus compañeros de banda, nació una de las canciones más importantes de la historia.

|Por Marcos Gabarain|


Cliché. Siempre intento caer en el cliché. Pero por algo existe “Stairway To Heaven”, “Imagine”, “Solo Le Pido A Dios” y tantas otras. Los grandes éxitos de la historia trascienden constantemente. Lo loco es volver a sentir la importancia de una música, una letra, una banda. El envión de la película de Freddie Mercury me detiene hoy ante su mejor canción.

Queen siempre fue vanguardia. Desde el día uno que no quisieron ser convencionales, y gracias a ello hoy en día los espectáculos, la puesta en escena y la música en su totalidad es diferente. Luego de “Bohemian Rhapsody”, Queen nunca se detuvo. La búsqueda de excelencia siguió hasta los últimos días de Mercury, en 1991.

El propio Bulsara fue quien había imaginado una ópera de rock en su cabeza. El resultado fue asombroso y épico: 6 partes diferentes, conectadas por el buen gusto y la sorpresa. Freddie tenía concretada la balada, parte donde la letra se torna fatalista (“momma, just killed a man”) y con influencias del teatro de Shakespeare. May hace el resto con su guitarra, hasta que irrumpe el piano.

Para lograr la eventual sección de ópera,  Freddie desgastó al resto de sus compañeros. Brian May, Roger Taylor y John Deacon llegaron a grabar hasta 12 horas por sesión hasta que dieron en el clavo con la intención y la tonalidad de las armonías. El cantante se inspiró en Scaramouche, de Las bodas de Fígaro de Wolfgang Amadeus Mozart. El segundo movimiento desemboca en un galope roquero con un demoledor solo de Brian May.


La conexión de todas las partes es un factor importante para la emoción que emana la canción en todas sus partes. Pocas canciones te ponen los pelos de punta, te sorprenden y te hacen llorar. Todo eso sucede en “Bohemian Rhapsody” gracias a que su estructura no da respiro. Cuando Mercury llega al final, su voz suena sincera y gloriosa. Los 6 minutos completos son una montaña rusa elegante y romántica.

Miles de análisis y conjeturas se han hecho sobre la intención de la letra, tomando como base la orientación sexual del cantante de la banda y un mensaje que incita a su “salida del closet”. La realidad es que el mismo Farrokh nunca reveló la verdadera historia sobre “Bohemian Rhapsody”, y por eso mismo la intriga sirve para dejarse llevar e imaginarse a la obra como uno quiera. Todo está dicho.


La canción siempre fue una fija en los recitales de Queen, aunque no se ejecutaba en su totalidad. Quizás la versión más emotiva es aquella que formó parte del reducido set que la banda realizó en el Live Aid de 1985, considerado por muchos el mejor show de la historia.

Artista nuevo: Las Peculiares Formas

Desde Quilmes surge un hilo invisible que se sujeta a nuestra muñeca y se tensa para transportarnos a la música de un proyecto de neo soul progresivo tan novedoso como refinado.


Un proyecto solista fue el plan primero de la cantante Camila Bois para el 2017. Sin embargo, esa idea decantaría rápidamente, a partir de los músicos convocados, en una banda de cinco integrantes. Para el mes de julio, Camila se encontró acompañada por el guitarrista Augusto Vega, la bajista Celeste Pérez Ghío, el tecladista Gastón Bernstein y el baterista Isaías Bisio: había nacido Las Peculiares Formas.

Rápidamente comenzaron a ensayar y componer sus canciones. El estilo se iría definiendo con el correr de las horas en la sala y con la capacidad de cada uno para aportar sus influencias y amalgamarlas al resto. Fusionar jazz, pop, R&B y rock era un desafío que estaban dispuestos a tomar.

Junto a Cirilo Fernández, productor del disco

La comunión entre los instrumentos se forjó con intensivas jornadas de arreglos. Coincidieron en que lo que hacían cuadraba en el plano del soul, pero con varios cambios de ritmo y más intensidad que la usual. Eso que definieron como neo soul progresivo gustaba a la banda y, en marzo de este año, decidieron entrar a grabar a Malibú Estudios lo que sería su primer material.

Para esta etapa se contactaron con Cirilo Fernández (Fernández 4, ex Octafonic), quien ofició como productor, además de colaborar en algunas canciones. Cinco temas propios y una versión de The logical song, de Supertramp, fueron las elegidas para ser grabadas.

El hilo invisible se estrenó en octubre. Mezclado y masterizado por Juan Armani, el disco suena claro y prolijo. La propuesta alcanza su punto máximo cuando las teclas toman protagonismo: Gastón Bernstein es un gran intérprete y eleva las canciones a un nivel superior. Sin embargo, cada músico cumple un papel fundamental en la ecuación. Los acordes de Augusto Vega parecen no tener límites de variaciones, Camila Bois demuestra un rango extensísimo de voz al frente del micrófono, y Celeste Pérez Ghío conforma, junto a Isaías Bisio, una pareja indivisible con groove y buen gusto para ser el sostén de Las Peculiares Formas.

En los primeros días de circulación del álbum, se le han abierto a la banda las puertas de distintos escenarios, lo cual incentiva a su promoción y proyección. Tienen bajo el brazo una obra interesante, están apadrinados por gente experimentada y profesional, y poseen un amplio margen de crecimiento: todo para posicionarse como una banda emergente a la cual hay que prestar atención.

Artista nuevo: Hausi Kuta

Soplan aires trasandinos, delicados y cargados de melancolía, que interpelan nuestros sentidos y nos enjuagan el rostro con su frescura. Conocemos a una banda chilena en pleno auge por el estreno de su segundo disco de estudio.


Ese día, en la ciudad de Concepción, tocaba la orquesta del colegio. Podemos hacernos a la idea de un conjunto bastante numeroso de músicos en ensambles de este tipo. A pesar de eso, tres jóvenes coincidieron y conectaron de una manera especial en esa jornada del 2014. Sus influencias los unieron, sus gustos los llevaron a seguir tocando juntos por fuera de la institución. Ese día el guitarrista Nicolás Sotomayor, el baterista Felipe Videla y el tecladista Alejandro Saenz decidieron formar un proyecto en común.

Rápidamente se mudaron a la capital: en Santiago no sólo conseguirían mayor proyección, sino que conocerían a Benjamín Walker. Walker se hizo cargo del micrófono y de la segunda guitarra. Los cuatro estaban preparados para darle vida a Hausi Kuta: era momento para empezar a componer, establecer su estilo y planificar el pronto ingreso a los estudios de grabación.

Rock sónico es la etiqueta que eligieron para su música. Con esta premisa, lanzaron Variaciones (2016), su primer disco de estudio, producido por Antonio Del Favero y Felipe Cadenasso (Matorral), y que cuenta con Fernando Julio, músico del tradicional grupo chileno Inti-Illimani, como bajista. Fue muy bien recibido por el público y por la crítica local, tal es así que fueron nominados a los premios Pulsar 2017 en la categoría de “artista revelación”.

En su propuesta predomina el lado más oscuro y nostálgico del rock alternativo. Con predominantes teclas y guitarras que alternan entre suaves melodías y rasgueos rabiosos, los chilenos saben jugar con los matices y llegar al clímax en el momento justo. Las introspectivas frases pronunciadas por Benjamín Walker son fundamentales para que esto funcione.

El crecimiento exponencial de la banda se evidenció en marzo de este año, cuando fueron convocados para participar de la edición chilena del Lollapalooza, uno de los festivales más grandes, importantes y convocantes del mundo. Luego de esa presentación comenzaron a trabajar en Estudios Triana, junto a los productores Lego Moustache y Nacho Soto, en la pre-producción de su segundo elepé.

En agosto lanzaron Yrit, el primer adelanto, mediante un videoclip dirigido por Los Marshall y producido por Emilio Ormazábal. La canción es la adaptación a thriller de un relato del antiguo testamento. Sus dotes y habilidades para crear atmósferas hipnóticas se agudizan en este material gracias a melodías repetitivas y mayor protagonismo de elementos de música electrónica. Las canciones Horizonte y Nerón fueron las siguientes elegidas para promocionar lo que se venía.

El viernes pasado estrenaron Bestiario (2018), placa que consta de nueve canciones y sigue la lógica presentada en los sencillos. Prevalecen la oscuridad, la melancolía, el pulso lento y los soniditos en estéreo que nos transportan a una dimensión paralela de catarsis. Sus diversas influencias pueden oírse, sin embargo, en los elaborados arreglos de las composiciones. En una primera escucha quizá se nos pasen de largo, pero hay cositas del hip-hop, fraseos jazzeros y varias secciones rítmicas folklóricas.

La promoción y la gira correspondientes a este álbum nos dará la pauta de qué tan grande es el margen de crecimiento de Hausi Kuta. Ofrecen un material de buena calidad con interpretaciones sobresalientes y, en sólo cuatro años, han demostrado estar a la altura: maduran a pasos agigantados y eso se refleja en su música. A prestar el oído, que la cordillera amplifica cada vez más fuerte la nueva música chilena.

Artista nueva: Estela Stier

La cantautora que emigró en busca de un estilo y trajo consigo la escuela del folk bien compuesto e interpretado. Repasamos la novedosa y fructífera carrera de una artista que pondera sus raíces autóctonas a partir de elementos foráneos.


Hace 25 años nació en Buenos Aires Titi, una niña de cabellos rubios, hija de madre argentina y padre francés. Criada en un ambiente repleto de música extranjera (sobre todo Queen, Edith Piaf y The Beatles), Titi agarró una guitarra por primera vez a muy temprana edad y nunca más la soltó.

En el afán de encontrar su identidad musical, su estilo y su voz, en 2015 se fue a vivir a las tierras de su padre: al barrio Montmartre, de París. Allí se nutrió de las calles parisinas, sus primeros escenarios, y comenzó a esbozar sus primeras composiciones. Con cinco canciones terminadas, Titi decidió volver a Argentina y grabar lo que sería su primer EP. El bagage de conocimientos obtenidos en el viaje la convencieron de su capacidad vocal e interpretativa.

By the riverside es el nombre de la primera placa y fue estrenado en octubre de 2016. Rodeada de una banda que incluye contrabajo, piano, guitarras, cello, entre otros instrumentos, el producto es de una gran calidad: suena bien y sus canciones son buenas. Desde la primera escucha podemos distinguir sus influencias: desde Dylan, hasta Joni Mitchell, pasando por Edith Piaf.

Rápidamente se posicionó como una artista emergente y comenzó a recorrer la provincia de Buenos Aires con agilidad y buenas presentaciones. Al mismo tiempo comenzó a pensar en lo que sería el sucesor de su primer trabajo de estudio. El 2017 lo aprovechó, también, para editar tres temas en vivo de su presentación en El Universal Espacio Cultural de Palermo.

Hace menos de dos semanas, la cantante lanzó Flowers & Crowns, su nuevo EP —parece sentirse cómoda en este formato—. Para estas canciones, Titi deja su lugar a Estela. “Me siento más fuerte y más madura, y hacerme cargo de estas canciones es hacerme cargo de muchas cosas. Creo que este proyecto musical y estas canciones necesitan mostrar ese crecimiento y por eso decidí usar mi nombre, Estela”, dijo en el estreno.

Queda evidenciada la madurez a la que se refiere. La diferencia es audible: su voz terminó de asentarse, las canciones son más complejas, se incorporaron tintes de música country y la banda es de un altísimo nivel. La propuesta resulta novedosa al oírla cantar en un inglés tan bueno, en un estilo de música que no abunda por estas latitudes y, sin embargo, dándose el lujo de incorporar elementos folklóricos —tal y como suena el bombo legüero en la canción homónima del EP—.

Con su voz inmensa y colorida, Stier promete llenarnos de buen gusto. Su repertorio se va poblando, entre canciones propias y algunas versiones, y ya se encuentra girando por distintas provincias del país. “Espero que disfruten tanto mi música como yo disfruté componiéndola”, dijo.

Canciones Eternas: “El Necio” de Silvio Rodriguez

En 1992, Silvio Rodriguez grabó tal vez su poesía más significativa, un testamento de lucha individual y la “necedad de vivir sin tener precio”. “El Necio”, correspondiente al disco “Silvio”, obtuvo una inspiración propia y ajena. Fidel Castro, el Muro de Berlín y el fin de una década.

|Por Marcos Gabarain|


A Jorge Guillermo

Sin lugar a dudas, los momentos finales de la Guerra Fría fueron quizás los mas polémicos, los más decisivos y los mas testimoniales. El mundo daría el brazo a torcer en pos del capitalismo y la dominación norteamericana. ¿Acierto o error? nadie lo sabe. Pero para aquellos que sentían la revolución en sus venas, fue un momento de cambios y frustraciones.

En una entrevista para la Radio Nacional de Venezuela hace ya varios años, el trovador cubano Silvio Rodriguez contó cómo creó “El Necio”, una canción que se incluyó en el disco “Silvio”, de 1992. “Estaba pensando en Fidel, y hasta cierto punto, en mi”, aclaró el cantautor.

En épocas de la caída del muro de Berlín, la palabra de Silvio Rodriguez, un hombre de ideologías marcadas y un hábil escritor de pensamientos e historias, era reclamada. Pues el fin de la división alemana marcaba el avance del oeste hacia el este, una manera de actuar vs. la otra. Rodriguez optó por el silencio (“no tengo tampoco por qué pronunciarme acerca de cada cosa que sucede”) hasta que se vio involucrado el mismo en acusaciones y frustraciones.

Silvio estaba en el aeropuerto internacional de Miami, en camino a Puerto Rico. “Donde está mi guitarra, está mi patria”, solía decir Atahualpa Yupanqui. Según su propio testimonio, dos empleados cubanos vieron que la funda de su guitarra llevaba una calcomanía de Fidel Castro, hecho que provocó la destrucción de su instrumento.

“Cuando llegué a Puerto Rico, escuché en la radio un programa desde Miami donde decían que la contrarrevolución estaba muy decaída porque habían pasado los revolucionarios ‘fulano’ y ‘mengano’, entre ellos yo, por Miami y en otra época nos hubieran arrastrado, hubieran limpiado las calles con nosotros”, aclaró Rodriguez en Venezuela.

La situación lo sobrepasó. El cubano sintió la primer acusación hacia su persona y no la dejó pasar. Tenía muchas cosas guardadas que vieron la luz en “El Necio”, una de las poesías mas fuertes de la música latinoamericana, un testamento del cambio de época, la ambición personal y la imagen de un líder revolucionario en años de derrumbes.

Con una instrumentación de guitarra que sólo él podría haber logrado, “El Necio” comienza acapella con un Silvio Rodriguez en un pedestal, reviviendo historias y asumiendo su humanidad y su destino (“Yo me muero como viví”). Y ante tanta injusticia, tanto desparpajo, sangre y egoísmo, él remata: “Allá Dios, qué será divino”.

Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio

La grandeza de un hombre llega en momentos agudos, de cuestionamientos y dilemas. He aquí un gran hombre que con su guitarra y su lápiz salió aireado de una situación que podría habérselo llevado a no se donde. Silvio Rodriguez se sienta en la mesa chica de los valientes de la música latinoamericana, con el “full full” de los méritos.

Un extracto personal

Luego de un accidente automovilístico que se llevó la vida de mi única hermana, Juana, mi familia fue un puño apretado. Unos pocos años después, y luego de la tormenta de nuestra existencia, yo observaba a mi padre pintar en el garage de nuestra casa en Otamendi, encontrando consuelo y valor a través del arte, la serenidad y, entre otras obras, “El Necio” de Silvio Rodriguez.

La perra de mi hermana se echaba a un lado a acompañarlo, a vivir su lucha interna y a sentirlo en frases como “Yo no sé lo que es el destino/caminando fui lo que fui”. Esto es sólo un ejemplo del afán de superación y la monstruosa energía que emana una canción como “El Necio”.

Psicosfera: “Definimos el estilo de la banda”

Luego del lanzamiento de Beta, segundo disco de la banda, dialogamos con el guitarrista Gabriel Luque, quien nos habla de los métodos de composición en la música instrumental, la independencia a la hora de grabar y la madurez conseguida en el mundillo del metal extremo.


En 2015 conocimos una banda que, desde Morón, ofrecía una propuesta tan novedosa como tentadora. Psicósfera lanzó Alpha y estableció una nueva forma de ejecutar y presentar el metal. Totalmente instrumentales, cargan la atmósfera de densidad, disonancias y estructuras complejas. Estos atributos se ven empoderados en su nuevo disco.

—¿Cómo fue el proceso de grabación de Beta?

—El proceso de grabación de este disco fue bastante más dinámico que el anterior porque fue, prácticamente, autoproducido: lo que son las violas las grabamos en la casa de Gabriel Sabatini —el otro guitarrista— en su totalidad, y el bajo y la batería en el estudio Calipso, de Morón, ya con la idea armada y una preproducción, cosa que antes no habíamos hecho. Básicamente aprendimos de nuestros errores en el pasado, a pesar de las limitaciones lógicas que conlleva grabar de forma independiente.

—¿Cuál es la forma de componer de Psicosfera?

—El tema de la composición fue mucho más pesado, porque estas canciones hace casi tres años que las venimos haciendo y tocando en vivo: Psicosfera es una banda que toca mucho y por todos lados. Entonces teníamos esa necesidad de, inclusive antes de lanzar el disco, ya tocar los temas por una cuestión de que sino resulta aburrido.

La composición de los temas es absolutamente repartida entre los miembros de la banda ya que los cuatro tenemos influencias distintas. Yo vengo del palo de la música clásica, del rock progresivo, la nueva escuela francesa de black metal. Los otros chicos vienen del palo del death metal, del doom. O sea, hay una amalgama de géneros del metal que hace cuatro años venimos tocando y perfeccionando para amasar un estilo propio.

—¿Qué sensaciones les deja el estreno?

—La sensación que tenemos es de satisfacción y de alivio, porque costó mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho dinero y mucho tiempo. Es un producto que nos satisface del todo. También nos genera mucha expectativa porque lo vamos a presentar oficialmente el 10 de noviembre en Villa Crespo y estamos muy manijas de ver cómo se lo toma la gente, si compra el disco, si es bien recibido. Por ahora obtuvimos buenas críticas y estamos contentos.

—¿Qué cambió en este tiempo?

—Desde un principio nos planteamos hacer una música que fuera original, que vos escuches y digas che, esto es algo nuevo. Obviamente que en tres años de estar tocando por todos lados, ensayando religiosamente una vez por semana y hacer una tormenta de ideas todos los días, logramos una dinámica de trabajo: tener una banda es como tener una pyme, es prueba y error constantemente. Logramos que haya una armonía entre los cuatro para decidir qué va y qué no va.

—¿Qué diferencias podés marcar entre el disco debut y éste?

—La diferencia es la madurez. Llegamos a un punto en el que tenemos bien claro cuál es el concepto y el estilo de la banda. Lo que influyó muchísimo en eso fue que Facundo Brinville —baterista de la banda y quien se encargó de la mezcla y masterización del disco— empezó a componer. A partir de que él empezó a sumar ideas nuevas fue como terminar de armar el rompecabezas. Nos faltaba esa cuota de talento que tiene para componer que antes no teníamos. Para que te des una idea, hay tres o cuatro temas del disco que prácticamente son ideas suyas. Eso ya cierra por otros lados: cierra rítmicamente una canción, un violero no compone como un batero esas secciones.

Ahora estamos trabajando con manager, nos hacemos respetar a la hora en que nos invitan a una fecha o nosotros mismos de organizar algo propio. Entendemos más la dinámica de cómo funciona el mundo de la música, por lo menos este submundillo que es el metal extremo en Argentina. Y no es nada fácil porque nadie te enseña nada y te la tenés que dar contra la pared quinientas veces hasta que aprendés a decir che, esto no va.

Foto: Santiago Russo

—¿Cómo y cuándo es que definen ser una banda instrumental? 

—Nuestra música carece de estructuras que suelen tener las bandas de metal en cuanto a composición: tener estribillos, versos, acomodar el tema a un cantante. Nuestros temas son: llega el punto a, pasa al punto b, punto c, vuelve al punto a. No tenemos una estructura definida y eso abre dos caminos: uno que es muy difícil para un cantante acomodarse a una banda así, y otro es que la banda somos nosotros cuatro.

—¿Nunca se barajó la posibilidad de un vocalista?

—En el génesis de la banda, en las primeras canciones, pensamos qué tipo de cantante sería el correcto para Psicosfera y, sinceramente, no se nos ocurrió ninguno de los que estaban disponibles en ese momento. Ningún cantante iría con el estilo que hacemos nosotros porque no se puede combinar lo que queremos hacer con las ideas que tendría un cantante. En ningún momento sentimos la necesidad. Con esto no descarto que en un futuro se pueda dar.

—La instrumentación es fundamental entonces

—La importancia de la instrumentación es absoluta. Yo estudié en conservatorio, Facu también estudió, y los otros chicos también son muy dedicados a sus instrumentos y a lo que puedan llegar a aportar a la banda. Nuestro fuerte es que seamos instrumentales porque es lo que llama la atención desde un principio.

—Se viene la presentación del disco. ¿Después se sigue girando? ¿Mar del Plata es un destino posible para Beta?

—A Mar del Plata fuimos dos veces: 2015 y 2017. Fue en la Vinoteca Perrier y tocamos con Ahinco, Vinator y otras bandas. Tenemos buenos recuerdos de la ciudad y, por supuesto, si nos invitan a tocar y está todo dado no tendremos ningún problema de ir. Por ahora la única fecha que tenemos es la del 10 de noviembre. Nos estuvimos guardando para darle más difusión a la presentación, pero no descartamos empezar a tocar en los siguientes meses. En enero cortamos porque Gabriel Sabatini se vuelve a su tierra natal, así que empezaríamos a tocar en febrero. Diciembre también está libre, así que vamos a ver.

Canciones Eternas: “Mejor no hablar (de ciertas cosas)” de Sumo

A comienzos de los 80, y luego de escuchar la canción en vivo, Luca Prodan decidió apropiarse de una canción de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. “Mejor no hablar (de ciertas cosas)” se convirtió en una fija para los conciertos en vivo, y una muestra de la potencia de la banda.

|Por Marcos Gabarain|


A personajes como Luca Prodan se le puede permitir algo semejante como un robo, una apropiación. Se dio así casi de repente y todo siguió su curso. Los autores originales de la obra no ofrecieron resistencia y cedieron la posesión de la misma, a tal punto de que dejó de formar parte del repertorio de la banda. Para ellos, desapareció. Pero en Sumo, “Mejor No Hablar (De Ciertas Cosas)” sería una obra fundamental en la carrera de la agrupación.

En los 80, en época de recintos históricos y fundacionales como Cemento y el Café Einstein, existía camaradería entre las bandas que surgían desde un espectro estrictamente “under”. Ese era el caso de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, banda de mucha experiencia nacida en el corazón de La Plata más beatnik, y el cúmulo de personajes que fue Sumo: Un italiano, un zapatero y un periodista de rock, por nombrar solo algunos, conformaban las filas.

El Indio Solari había compuesto la canción en 1983, y su banda la ejecutaba a menudo en vivo pero con un ritmo más lento y espeso. Acto siguiente: El frontman ricotero invitó a Luca Prodan (el Italiano) y Roberto Pettinato (el periodista de rock) a un show. La canción captó inmediatamente la atención del italo-escocés-cordobés, quien días después se atrevió a re-versionarla en un ensayo.

La letra de la canción es puramente visual, y las palabras surgen como en un efecto dominó (“Una mujer/Una mujer atrás/Una mujer atrás de un vidrio empañado”). Es una poesía libre que encontró su instrumentación por cosas de la vida, y eso la convertía en algo mas cautivador.


La principal consigna fue la de acelerar el ritmo, para eso precisó de el pulso magnífico del bajista Diego Arnedo. El “Cóndor” impulsó un baile post punk replicado por su co equiper rítmico “Superman” Troglio, y sumado al saxo circense de Pettinato y la furia distorsionada de Ricardo Mollo se creó un ambiente lúgubre y potente con Prodan simulando un acento entre europeo y porteño a base de reverb, como saliendo de una bóveda abandonada de Hurlingham.

Su primera grabación formó parte del demo “Corpiños en La Madrugada”, de 1983, en forma acústica y con Daffunchio y Arnedo en guitarras. Luego, su versión definitiva llegó para el LP debut de la banda, “Divididos Por La Felicidad”. La canción representó un momento importante en los shows de Sumo, y hoy en día sigue siendo una obra icónica en el Rock Nacional de los años 80.

Luego del fallecimiento de Luca Prodan, Divididos siguió manteniendo viva la llama de “Mejor No Hablar…” hasta el día de hoy, y es ejecutada en vivo regularmente. Y todo comenzó con un “robo”, aunque según el propio Pettinato “No era nuestra, pero ya no era tampoco de Los Redondos”.