El manjar de las pascuas

De todas las cosas ricas que se disfrutaron este fin de semana largo, lo más sabroso fue el recital del viernes en el Teatro Carreras con las músicas de Laos, Yerbán y Palta & the mood.


El line up convocó a sus primeros asistentes cerca de las 21. Las expectativas eran altas por la congregación de tres grupos que interpretan tan bien. Por dentro, el camarín ya estaba encendido hace rato por los músicos, las conversaciones venidas al caso y los detalles del cronograma a cumplir.

Yerbán fueron los primeros en subir al escenario. El trío mostró todos sus dotes en la ejecución de sus instrumentos. Entre virtuosismo y buen gusto, desplegaron una lista de jazz fusión con sus momentos propios de funk y candombe. En varias de sus canciones incluyeron una sección de vientos (saxo y trompeta) que arrancaron aplausos precoces al público.

La sala, si bien no se colmó, tuvo un tránsito considerable de gente. Poco a poco las butacas parecían intimidar a quienes se sentaban a oír. Había ganas de pararse: el cuerpo pedía moverse al son de los ritmos que rebotaban tan prolijos en las cuatro paredes.

La grilla indicó el momento de Laos. La banda, aunque radicada en La Plata, juega de local y varias personas levantan su bandera de mística instrumental. Con una impronta marcada por el fundamentalismo del groove, movieron los cimientos del establecimiento. La batería guió tras de sí a las cuerdas, las teclas y los vientos. En su música se suceden con total naturalidad climas de extensas melodías y otros de ritmos tan trabados capaces de romper un cuello. La performance del cuarteto fue impecable.

El cierre de la jornada estuvo a cargo de Palta & the mood. Ya hemos hablado de esta banda en una columna correspondiente y sobre la conexión del tecladista Sebastián Cadorín con la ciudad. Su visita fue la excusa perfecta para la organización de la fecha.

Conforman ya de manera decidida una superbanda: incorporaron a sus filas un dúo vocal femenino y extendieron su sección de vientos con tres caños más. El funk y el soul guían sus canciones llenas de buen gusto y excelentes interpretaciones. La química entre los once músicos es crucial para este propósito. Su diversión arriba del escenario se transmitió al público directamente y sin intermediarios.

Quienes oyeron terminaron empachados de tanta cosa rica. Y eso que aún faltaban los famosos huevos de chocolate del festejo dominical.

Las fotos pertenecen a Ayelén Valdesogo.

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