“Little Dark Age”: Locura necesaria

MGMT lanzó hoy su disco regreso, “Little Dark Age”. El cuarto trabajo de Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser es una obra de synth pop existencialista y tajante sobre los años pasados y los venideros de la humanidad.

|Por Marcos Gabarain|


MGMT no es el mismo MGMT del primer disco. ¿Eso es malo o bueno? Habrá que verlo. A lo largo de sus cuatro discos vimos una consagración radial sicodélica (“Kids” y “Time To Pretend”), la receta anti éxito llena de pasajes instrumentales (“Siberian Breaks” y “Congratulations”), un coqueteo sintético con la electrónica en su trabajo homónimo y una inmersión en el synth pop ochentoso surrealista que  llegó para quedarse en “Little Dark Age”.

“LDA” es una oda a la segunda mitad de la década, con un pesimismo fatalista disfrazado con teclados y reverbs que acompañan melodías precisas. La fórmula Goldwasser-VanWyngarden se reinventa pero mantiene su alocada concepción de las cosas, como lo son las consideraciones sobre la existencia misma y el “más allá”, si es que existe uno. “She Works Out Too Much” abre el disco con una parafernalia que bien podría encajar rítimicamente en un videojuego del Sega Genesis.

Arte de tapa de “Little Dark Age”

La canción que le da nombre al álbum se ubica segunda en la lista, con su cíclico sintetizador y un aura gótica que recuerda a The Cure (si ves el videoclip oficial, vas a entenderlo más). Los bajos marcan el pulso oscuro de una canción sobre arrepentimientos y ceguera a la hora de “ser uno”. Estamos en una época donde la individualidad está marcada a fuego por las redes sociales.

“When You Die” es una canción alegre desde el lado melódico, pero como sugiere el título, se refiere a qué pasa luego de morir (“It’s permanently night/And I won’t feel anything”) y una pequeña apología retorcida al suicidio. El “Go Fuck Yourself” del estribillo va a ser coreado  en la inminente gira de la banda.

En “Me and Michael”, la amistad es algo inquebrantable en medio del apocalípsis mental (“Imaginary bombs raining down from the clouds”). También, VanWyngarden advierte que “el cambio ya llegó” en la humanidad.Ese teclado del comienzo es la envidia de los New Order y hasta Simple Minds. Es una de las mejores canciones del disco, llena de nostalgia azucarada. El videoclip, lanzado ayer, relata cómo Ben y Andrew le roban la canción a la banda filipina True Faith.

Lo que sigue es “Time spent looking at my phone”, o simplemente “TSLAMP”. Un sample de Michael Jackson (“Stranger In Moscow”) se deja entrever de fondo en una canción que muestra un odio a las personas imantadas al celu (“I’m wondering where the hours went/As I’m losing consciousness”).

James Richardson, guitarrista en vivo y amigo personal de la banda, es homenajeado con su propia canción “James(“If you need a friend/Come right over”). Es más, el encargado de tocar los vientos en esta canción de ritmo incesante es el propio Richardson, que participa en la grabación de varias canciones del álbum. Andrew canta  bastante bajito en ésta.

“Days That Got Away” es un instrumental necesario. Si que lo es, ya que MGMT también se destaca por sus instrumentales alocados y llenos de sonidos. Este no es la excepción. Por momentos parece una chacarera cósmica orquestada por el órgano de Ben Goldwasser. La frase “days that got away” se repite casi susurrada pasando la mitad del tema.

Las cuestiones filosóficas de la vida y la muerte vuelven a plantearse en “One Thing Left to Try”, una canción acelerada donde vuelven a predominar los sintetizadores (“Over and over, you die just to feel alive”). El frenesí desvanece minutos antes del final, donde el ritmo vuelve a surgir progresivamente, acompañado por una batería electrónica llena de efectos.

La anteúltima canción, “When You’re Small”, es siniestra y acústica. Tal vez el viejo MGMT reflota en esta retorcida obra plagada de coros como un soft rock surrealista. Un aura pacífico lleva a que nos vayamos con “Hand It Over”, tema armonioso que, al igual que “Congratulations”, marca el final tranquilo y comprensivo que los pone a ellos mismos en tela de juicio (“If we lose our touch, it won’t mean much”) y al mismísimo Donald Trump (“The joke’s worn thin, the king stepped in”).

Así, MGMT regresa a las canchas, con un álbum diferente y similar, tajante y existencialista, con una estética medieval y al mismo tiempo inmersa en la época donde todo explotó, los 80. Tenerlos nuevamente en movimiento es un placer, y además lograron hacer buena música.

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